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Durante años, Estados Unidos justificó su presión sobre Venezuela en nombre de la democracia y de la necesidad de liberar al país de las “garras del chavismo”. Sanciones, aislamiento internacional y presión política fueron presentados como herramientas para recuperar la libertad de los venezolanos.
POR: DAVID PEREYRA
Pero hoy, con Nicolás Maduro fuera del poder y Washington ocupando un papel central en la reconstrucción del país, aparece una pregunta incómoda: ¿el verdadero objetivo era liberar a Venezuela o liberar su petróleo?
Venezuela posee una de las mayores reservas de crudo del planeta. Y justamente ahora, cuando el país atraviesa una transición política, Estados Unidos consigue un lugar privilegiado en la administración y explotación de ese recurso estratégico.
La paradoja es evidente: se cuestionó al chavismo por controlar y utilizar el petróleo venezolano, pero la supuesta liberación podría terminar colocando esa riqueza bajo una fuerte influencia estadounidense.
Y aquí aparece una crítica histórica que no puede ser ignorada. Estados Unidos ha sido señalado en numerosas ocasiones por intervenir en países política y económicamente vulnerables, presentándose como un salvador que promete democracia, estabilidad y un futuro mejor, mientras detrás de ese discurso también operan intereses económicos y estratégicos.
La fórmula parece repetirse: primero se identifica al enemigo, después se ofrece la salvación y, finalmente, llegan las condiciones para acceder a los recursos, los mercados o las posiciones estratégicas del país “liberado”.
Nadie puede negar la responsabilidad del chavismo en la devastación económica e institucional de Venezuela. Pero tampoco debería aceptarse sin discusión que la salida de un régimen implique simplemente reemplazar una dependencia por otra.
Y frente a este nuevo escenario, la pregunta queda flotando:¿Estados Unidos liberó a Venezuela del chavismo o simplemente liberó al petróleo venezolano del chavismo para ponerlo al alcance de sus propios intereses?
Quizás detrás del discurso del salvador exista, una vez más, la vieja disputa por los recursos.
Como escribió Eduardo Galeano: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder.”
Venezuela puede cambiar de gobierno, pero si no recupera el control sobre su petróleo, ¿realmente habrá recuperado su libertad?
Porque cambiar de amo no es lo mismo que conquistar la soberanía.