12-06-2026 | 05:57
CLIMA | DOLAR

Los chats “filtrados” entre Juan Pablo Beacon, el árbitro  Luis Lobo Medina y un tal “Tovi II”, quién algunos medios lo relacionaron con Pablo Tiviggino, tesorero de AFA, explotaron la cabeza de periodistas porteños, quienes se sorprendieron de la situación y la vendieron como un escándalo que sucede hace poco tiempo. No sorprende, los tres nombres mencionados provienen del Consejo Federal, el ente que rige el fútbol del interior del país. Ya hay una denuncia penal pero antecedentes de árbitros polémicos y sospecha de mañas, sobran. Pobre San Jorge de Tucumán, el tiempo le dio la razón. 


Por Guido Esteban Polisena  

Otra vez el arbitraje argentino en el centro de la escena. Otra vez los chats, las sospechas, los nombres propios. Y otra vez la sensación de que, en ciertos rincones del fútbol, la pelota rueda pero no siempre decide. Los mensajes “filtrados” que involucran a Juan Pablo Beacon, al árbitro Luis Lobo Medina y a un enigmático “Tovi II”, vinculado mediáticamente con Pablo Toviggino, no sorprendieron tanto por su contenido, sino por la reacción de periodistas porteños “descubriendo” ahora una trama que, en el interior, se comenta hace años.


Porque si hay un territorio donde la desconfianza arbitral no es novedad, es el del Consejo Federal. Ese mismo ámbito que debería garantizar transparencia en los torneos del ascenso profundo, pero que arrastra una reputación incómoda. El Consejo Federal, desde los tiempos de Gustavo Cerezo, es un terreno fértil de sospechas, favores y resultados demasiado previsibles.


Ejemplos, miles. Años de torneos donde el “candidato” al ascenso se proyectaba mucho tiempo antes de la etapa final de los campeonatos. Y si hay una imagen que quedó grabada como símbolo de todo esto, es la de San Jorge de Tucumán.


Aquella tarde del 23 de junio de 2019, cuando sus jugadores decidieron sentarse en la cancha en pleno partido frente a Alvarado, no fue un capricho ni un show. Fue una protesta desesperada. Un grito mudo contra decisiones arbitrales de Adrián Franklin,  que consideraban escandalosas. En su momento, muchos lo minimizaron e incluso el club soportó una sanción total que lo alejó definitivamente de todos los torneos federales del país. Hoy, con este nuevo capítulo, aquella escena parece menos exagerada y más premonitoria. 


El arbitraje en estas categorías siempre estuvo bajo la lupa.  Los nombres los conocemos todos. Luis Lobo Medina,el propio Adirán Franklin,  Federico Guaymas Tornero, Mauricio Martín,  Bruno Amiconi , Lucas Comesaña,Sebastián Mastrángelo, y la lista puede seguir largamente.  A tal punto que la elección de un árbitro para determinados partidos, hacían que los hinchas y periodistas del interior del país, pudieran darse una idea de lo que iba a suceder en esos partidos. En la previa, auguraban polémicas y nunca fallaban.  Penales dudosos, expulsiones oportunas, inclinación de cancha en momentos clave. No hace falta probar un sistema organizado para entender que algo no cierra cuando los errores siempre parecen caer para el mismo lado.

El problema de fondo no es solo si hubo o no arreglos en estos chats. Es más profundo. Es estructural. Es la falta de credibilidad. Porque cuando los protagonistas, jugadores, dirigentes, hinchas,  sienten que el árbitro puede definir más que el juego, el fútbol deja de ser deporte y pasa a ser sospecha.

¿Es nuevo este escándalo? Difícil sostenerlo. Más bien parece una nueva capa sobre una historia vieja, conocida en el interior y recién ahora amplificada en Buenos Aires. Como si el ruido necesitara llegar al centro para ser tomado en serio.

Mientras tanto, el Consejo Federal sigue siendo una pieza clave y cuestionada. El lugar donde se juegan sueños de ascenso, pero también donde muchos creen que esos sueños pueden condicionarse desde antes de que ruede la pelota.

Muchos esperan que la denuncia penal realizada por el legislador Juan Facundo del Gaiso pueda marcar  un camino. La justicia dirá si hay responsabilidades concretas. Pero más allá de eso, el daño ya está hecho: la duda volvió a instalarse. Y en el fútbol, cuando la duda es regla, la competencia deja de ser justa. Porque al final, la frase duele por lo que implica  y por lo verosímil que suena: "Dime quién es el árbitro, y te diré quién gana".














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