11-06-2026 | 07:08
CLIMA | DOLAR

A pocos metros de distancia, separados apenas por el ancho del río Paraná, se observa un fenómeno que llama la atención de cualquiera que recorra la región: Corrientes tiene playas de arena y el Chaco no. Mientras la capital correntina luce extensos balnearios naturales como Arazaty o Molina Punta, del lado chaqueño predominan barrancas, vegetación y una costa más abrupta.


La explicación no está en decisiones urbanísticas ni en obras humanas. La respuesta se encuentra en el propio comportamiento del río Paraná, uno de los sistemas fluviales más grandes de Sudamérica.

El Paraná no fluye en línea recta. Su cauce describe grandes curvas llamadas meandros, y en cada una de ellas ocurre un fenómeno natural que modela las costas: en una orilla el río erosiona y en la otra deposita arena.

En el tramo donde se encuentran Resistencia, Barranqueras y la ciudad de Corrientes, la corriente principal del río golpea con mayor fuerza sobre la costa chaqueña. Ese impacto permanente provoca erosión y genera barrancas más firmes y profundas.

En cambio, del lado correntino sucede lo contrario. Allí la corriente pierde velocidad y el río comienza a depositar sedimentos y arena que arrastra desde miles de kilómetros río arriba. Con el paso de los años, esos depósitos naturales formaron bancos de arena que terminaron transformándose en playas.

La arena que se acumula frente a Corrientes no nace allí. Gran parte de esos sedimentos proviene de la cuenca alta del Paraná, incluso de regiones de Brasil y Paraguay, y es transportada lentamente por el río hasta zonas donde la corriente disminuye.

Otro factor importante es la profundidad del río. Frente a la costa del Chaco el Paraná suele ser más profundo y con mayor velocidad de corriente, lo que dificulta que se formen bancos de arena estables.

El relieve también influye. La costa chaqueña presenta sectores con barrancas naturales y suelos más compactos, lo que favorece la erosión antes que la acumulación de sedimentos.

Así, mientras el río esculpe barrancas en el Chaco, al mismo tiempo construye playas en Corrientes. Se trata de un proceso natural que lleva siglos en funcionamiento y que sigue modificando lentamente el paisaje del Nordeste argentino.

Por eso, aunque ambas ciudades estén frente a frente y separadas solo por el Paraná, Corrientes disfruta de playas de arena mientras el Chaco mantiene una costa más elevada y agreste. El verdadero responsable de esa diferencia es el propio río, que con su fuerza y su dinámica sigue moldeando la geografía de la región.












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