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Catalina Ferreyra, empleada doméstica de los Sena, declaró este martes y reveló detalles del clima tenso que se vivía en la casa el día que desapareció Cecilia Strzyzowski. Su testimonio, distinto al de los anteriores citados por la defensa, terminó sembrando dudas sobre la versión de la familia.
Catalina Ferreyra trabajaba planchando en la casa de Marcela Acuña y Emerenciano Sena. Ese 2 de junio, como todos los viernes, llegó a las 16 y notó a Acuña nerviosa y distraída. “Algo raro había”, aseguró ante los jueces, al recordar que la dirigente preparó el mate, bajó con su esposo y se retiraron, poco antes de que llegara Gustavo Obregón.
Ferreyra relató que Obregón entró “alterado, como buscando algo” y que le preguntó por dónde había bajado Marcela. Minutos después recibió una llamada y repitió en voz alta: “Bueno, si venís en media hora te espero”, en referencia a César Sena, según interpretó la testigo. Poco después, el hombre le dijo que se retirara por orden de Acuña, lo que aumentó sus sospechas de que “algo estaba pasando”.
En su testimonio, también recordó un mensaje que, según el expediente, Acuña había enviado a Obregón: “Andá a ver a casa, parece que hay un cuerpo y tengo miedo porque a César lo vi lastimado”. Ferreyra contó que no volvió a comunicarse con Marcela hasta el lunes siguiente, cuando su hija le dijo que la dirigente “había sido hackeada”. Para entonces, Acuña ya había cambiado su teléfono.
“Era muy absorbente, no se podía trabajar ni estudiar, solo dedicarse al movimiento”, dijo Ferreyra al referirse al entorno de los Sena. Su declaración, la novena de la jornada, marcó un contraste con las anteriores de la defensa y llevó a la abogada Celeste Ojeda a desistir del siguiente testigo.
NG Federal